- Hola.
- Buenas tardes. Llamo por el aviso del Citroën 3CV.
- Sí, decime… ¿dónde lo viste?
- En Segundamano, en la web.
- Bueno, entonces viste las fotos.
- Sí, se lo ve lindo. ¿Cuántos kilómetros tiene?
- Te cuento. Desde que lo restauré (le hice motor a nuevo, chasis, chapa y pintura, tren delantero, frenos e interior completo) tiene diez mil kilómetros. Está una pinturita, mejor que cero. Rojo brillante, con los guardabarros negros y un detalle negro en las puertas, tiene capota nueva y estéreo con radio y pasacasetes.
- ¿Y de papeles?
- Soy titular, no debe nada, además ya no paga patentes es modelo 78 pero parece 2010, está radicado acá en Buenos Aires.
- ¿El precio se puede conversar?
- No. Son cinco mil dólares en efectivo. No acepto cheques ni permutas. Solo dólares billete.
- Es un poco saladito, vi otros…
- Mirá flaco, este Citro es único, yo sé lo que te digo. Te va a llevar muy lejos.
- ¿Cuándo se puede ver?
- Mañana de 10 a 12.
- Ok, paso.
- ¿Tu nombre?
- Horacio.
- Yo soy Luis. Traé seña, vas a ver que te lo llevás.
- Nos vemos mañana entonces. ¿Centenera 2053, no?
- Sí, timbre 2. Te espero.
- ¿Vos estás loco? ¿Cinco mil dólares? Con eso nos compramos en Uno de Pablo.
- Sí, claro, y después le hacemos frenos, embrague, tren delantero, y andá a saber las multas que tiene. Tu primo es un loco de mierda, maneja peor que tu vieja.
- Y vos dale, aprovechá para criticarla.
- Bueno, después de todo es verdad.
- No me cambiés de tema, ¿y vos del tipo ese que sabés?
- Nada, pero tengo un pálpito.
- Sí, un pálpito. Vos y tus premoniciones, ¿te olvidaste de la última vez?
- La última vez el caballo se cayó, casi se mata el jockey.
- Sí, y vos perdiste toda la guita de las vacaciones. ¿Y la vez anterior, cuando ese amigo tuyo te convenció de invertir en la bolsa? Hasta me hiciste poner el aguinaldo.
- Esa fue la crisis asiática, todos perdieron.
- Todos menos el vivo que te vendió las acciones.
- Fondos de inversión eran.
- Mirá, pienso que es una locura, pero allá vos. Yo esta vez no pongo un mango.
- Esta bién, yo me arreglo, pero ¿vas a venir a pasear a la Costanera conmigo cuando lo tenga?
- ¿Y que otra me queda?
- Vas a ver. Unos choripanes, una cervecitas y la luz de la luna con la capota abierta.
- Sos un grasa.
- Y vos mi remedio contra el colesterol.
- Como te dije flaco. IM-PE-CA-BLE.
- ¿Podemos dar una vuelta?
- Sí, dale. Tomá las llaves, manejá vos. ¿Tenés los cambios? Porque este tiene la palanca arriba, al tablero.
- Sí, mi viejo tenía un 2CV. De chico me iba al garage donde lo guardaba, lo arrancaba, hacía unos metros, lo sacaba y lo volvía a estacionar. Aprendí a estacionar antes que a manejar. De vez en cuando le llevaba un vino al sereno del garage y me quedaba horas allí. Quería ser piloto, de coches de carrera.
- Y practicabas con el 2CV.
- Era lo que había.
- ¿Y, qué te parece?
- Anda suavecito, no parece un 3CV. Me lo imaginé más ruidoso.
- Te dije, es único. El motor está puesto a punto para que no haga nada de ruido, tiene algunas modificaciones. La carrocería está reforzada, con varias partes de aluminio para que pese menos. Las mazas de las ruedas modificadas para que use neumáticos de 165x70x13, con llantas de aluminio y frenos a disco en las cuatro ruedas. Toda la reforma es de Fiat Uno, amortiguadores incluidos. Conseguís repuestos en cualquier lado.
- La flaca va a estar feliz.
- Disculpá, ¿qué dijiste? No te entendí.
- Nada, no importa, es que ella quería comprar un Uno.
- Como te decía, las butacas delanteras y el asiento trasero están modificados a partir de los originales, acolchados, reforzados y retapizados en cuero, apoyacabezas incluidos y tiene cuatro cinturones inerciales.
- ¿Y la instalación eléctrica?
- Toda a nuevo, reforzada, la batería es 75 amperes, de gasolero.
- Che, me gusta. ¿cuatro quinientos?
- No sigas pijoteando, el precio es cinco mil y punto.
- Está bien. Por más que este tema del precio me va a costar una discusión y cara de culo de la flaca por unos días, te lo compro. Traje quinientos verdes ¿cuándo podemos hacer la verificación y la transferencia?
- Si querés vamos ahora y hacemos el trámite en la cana, acá en Barracas. ¿Vos cuándo tenés el resto?
- Hoy es martes… el jueves, ayer me transfirieron la guita que me faltaba, quizás esté mañana, pero mejor quedemos para el jueves.
- Bueno, dale, vamos a la planta verificadora ahora y el jueves nos vemos en el registro del automotor. Ahí, una vez que veas que los pelpas están en orden, me das el saldo y pedimos la transferencia.
Espero que este tipo no sea un chanta. Al Citro se lo ve impecable, realmente parece único como él dice, con la cana estuvo todo bien, no tendría que haber problemas. Mejor me relajo y el jueves veo que pasa.
-¿Seguro que no querés que te acompañe?
- Como quieras flaca, pero no hace falta, es solo un trámite. Veo que esté todo bien, le garpo y me traigo el bólido rojo a casa.
- Bueno, te espero acá. Fijate bien todo…
- Sí mamá.
- ¡Boludo! Suerte. ¿Te dije que te quiero un poquito?
- Yo no. Para mí solo sos un objeto sexual.
- Volvé rapidito, con el autito.
- Cuatro mil novecientos, cinco mil. Está todo. Acá tenés los dos juegos de llaves, la cédula verde, el título y el boleto de compra venta. Firmame la responsabilidad civil y es tuyo.
- OK. ¿Alguna recomendación?
- Sí. En unos cinco mil kilómetros cambiale el aceite y los filtros, ponele solo nafta premium. Y algo más… cuando uses la radio tené cuidado con la AM.
- ¿Con la AM? No entiendo.
- Es que a veces no anda bien, hace ruidos y cosas raras. Es la única parte del auto que no te garantizo. La FM y el pasacasete andan joya, pero la AM no es muy confiable.
- Gracias Luis ¿querés que te acerque a algún lugar?
- No dejá. Me tomo un taxi. Suerte.
- Gracias. Nos vemos.
Horacio estaba feliz, el 3CV era su primer auto. Hacía cinco años que juntaba peso tras peso, había reunido tres mil setecientos dólares, con eso le sobraba para un 3CV., pero este era distinto, por eso se animó a pedirle lo que le faltaba a su amigo el gordo, el estaba juntando para un departamento. El plazo que habían acordado para que Horacio le devolviera los dólares fue de trece meses, a cien dólares por mes, sin interés. El gordo era de fierro, apenas Horacio le contó del Citroën no tardó casi nada en ofrecerle su ayuda. Al día siguiente lo iba a invitar a comerse unas pizzas en Banchero de La Boca; por supuesto lo pasaría a buscar con el bólido rojo.
De camino a su casa paró en una YPF, había que alimentar a la máquina.
- Buen día. Llenalo de Fangio XXI, por favor.
- ¿Qué modelo es jefe? Parece nuevito.
- Setenta y ocho pibe. Recién lo compré.
- ¿Le reviso el aceite?
- Dale. Te lo abro.
El playero se quedó mirando el motor, sorprendido.
- ¡Este no es Citroën!
- ¿Cómo dijiste?
- Que no es el motor de una 3CV.
- ¿Cómo que no es un 3CV?
- Parece japonés, pero no tiene marca. Esto parece un turbo, y tiene radiador de agua, los 3CV no traen.
- La verdad no lo había mirado. Andaba tan suave que ni me preocupé por ver que tenía bajo el capó.
- Acá está la varilla del aceite, está lleno. El aceite parece nuevo. Quédese tranquilo, tiene pinta de fierro.
- Parece que se llenó.
- Sí, cincuenta litros. Por lo visto el tanque tampoco es de 3CV, estos cargan treinta litros.
- ¿Cuánto es pibe?
- Doscientos veintitrés pesos.
- ¡Mierda! ¿Aceptás VISA? No llego con la guita.
- Sí, no hay problema.
- Cobrate.
Horacio se quedó preocupado, ¿qué había comprado? ¿un 3CV con motor japonés? ¿por qué este tipo no le dijo nada?
- Cuando le cuente a la flaca seguro se chiva. Ya sé lo que me va a decir “siempre te estafan… ¿por qué no te fijás antes de hacer?” ¿Y si el Citro es realmente único? Ahí seguro no me va a poder decir nada -pensaba en voz alta, hablando consigo mismo.
- ¡Llegaste! Estaba impaciente. ¿Y el auto? ¿Todo bien?
- Sí, está acá, al lado… no había lugar en la puerta. Vení, así lo ves y damos una vuelta.
- Dale. De paso ¿me llevás hasta lo de mamá? Tengo que devolverle una cartera que me prestó el otro día.
Cuando la pareja salió, vieron a dos personas que estaban admirando a la reciente adquisición. Uno de ellos le sacaba fotos con el celular.
- ¿Es suyo? -le preguntaron a Horacio.
El, con alegría, les dijo que sí.
- Está impecable -comentaron.
- Viste flaca que lindo que está.
- Parece que tenías razón.
- Vas a ver cómo anda. Vamos por la autopista, así lo probamos.
El camino desde la casa de la pareja, hasta la casa de la madre de la flaca, si bien se podía recorrer por las calles de la ciudad -de Parque de los Patricios a Villa Luro- era mucho más rápido por la autopista que unía el centro de la ciudad con el límite oeste. Serían unos diez minutos de viaje a noventa kilómetros por hora (la máxima en la autopista era de cien) una buena oportunidad para testear al bólido rojo.
Subieron por el acceso de la calle Colombres, una vez arriba Horacio se acomodó en el carril intermedio, en menos de veinte segundos viajaban a 90.
- Nada mal para el Citro -comentó la copiloto.
Mientras mencionaba esto, la flaca prendió la radio, estaba sintonizada en una FM de música clásica; cambió inmediatamente, “ la música culta me aburre” pensó. A ella le gustaban todos los ritmos bailables, Horacio los odiaba. Para no generar ninguna discusión buscó algo tranquilo. Mientras cambiaba el dial, sin querer presionó el botón “band”, lo cual hizo que el receptor cambiara a AM, 1030 marcó el visor digital; el bólido rojo continuaba viajando a noventa.
Lo que pasó a continuación fue muy extraño. Niebla espesa, una explosión frente al auto, luces intermitentes y de nuevo la normalidad.
- ¿Qué pasó? -preguntó la flaca.
- ¡Qué se yo! -respondió el piloto.
- ¿Se rompió algo?
- No, fue afuera. El auto me parece que funciona bien.
- ¡Frená Horacio!
- ¿Qué es eso?
- Parece un colectivo.
- ¿A sí? ¿Y desde cuando los bondis flotan en el aire?
- No flota, está colgando de algo… parece una vía, pero arriba del techo.
- Si no fuera que hace ya unos meses que no tomo, diría que estoy borracho, viendo visiones.
- Mirá allá, enfrente, la gente que anda con esos carritos. Parecen monopatines con motor.
- ¿Qué está pasando? Esto no me gusta nada, me da miedo. Parece una película berreta, de ciencia ficción; como si fuera el futuro.
Después de esa palabra ambos se quedaron en silencio, mirándose a los ojos, como si hubieran descubierto algo que no pensaban descubrir. Con la mirada se dijeron más que con todas las palabras que pudieran imaginar. La flaca rompió el silencio, volviendo a ambos a la realidad.
- No, no es posible.
- ¿Y cómo explicás este paisaje? Estamos en la misma autopista, solo que no creo que sea siete de noviembre de dos mil diez.
- Pero ¿cómo llegamos aquí? Digo, el lugar es el mismo, allá está el Parque Chacabuco, se ve la Iglesia de la Medalla Milagrosa y también se ven edificios que ayer, cuando pasé con el taxi, no estaban.
- Lo que pasa que ayer no es ayer. O mejor dicho, hoy es otro hoy, vaya a saber de que año. Fue la explosión, la niebla, eso fue.
- Pero esas cosas ¿cómo pasaron? ¿por qué?
- No sé flaca. Lo que sí se es que mejor que nos pongamos en marcha, acá nos van a chocar; mirá a la velocidad que pasan.
Mientras se ponían en marcha la flaca trataba de entender qué había pasado. Si bien su forma de pensar era muy poco estructurada, en ese momento su mente se asemejaba a la de un investigador, acomodando uno a uno los hechos. Horacio, mientras aceleraba tratando de llegar a algún lugar que los pusiera nuevamente en el mundo conocido, también ordenaba sus ideas.
- Subimos a la autopista en Colombres -dijo ella -mientras buscaba alguna radio con música tranqui sentimos la explosión y apareció la niebla -completó la idea, como si al exteriorizarla tal vez pudiera comprender algo más.
- Y cuando la niebla se despejó todo había cambiado.
- Lo que no entiendo es qué fue lo que produjo la explosión; la niebla pudo ser un efecto de eso.
- Me gustás flaca, así seria. Parecés Sherlock Holmes. ¿Puedo ser tu Watson?
- Vos mejor manejá y mirá para adelante.
- Llegamos al desvío para Liniers, mirá en la vía a Ezeiza no están las cabinas de peaje.
- Horacio.
- ¿Sí?
- Estás yendo a ciento cincuenta
- ¿Qué? Mierda, este sí que es un bólido.
- Pará loco. Un 3CV no anda a ciento cincuenta ¿qué está pasando?
- Tranqui. Eso tiene una explicación. Es un Citro, pero con motor japonés, con turbo compresor.
- ¿Motor japonés? ¿Vos sabías eso y no me lo contaste?
- No tuve tiempo de hacerlo. Cuando fui a cargar nafta el pibe se dió cuenta al medir el aceite.
- ¿Qué más no me contaste?
- Que carga más de cincuenta litros, usa sólo nafta premium.
- ¿Algo más?
- Cuando me lo entregó, el chabón que lo vendía, me dijo que me garantizaba todo el auto menos la radio AM. Eso me dió gracia ¿quién carajo usa la AM?
- Nosotros Horacio, nosotros.
Ambos miraron el panel digital de la radio, estaba en AM, en AM1030.
- ¿Cuándo pusiste AM?
- Cuando estaba sintonizando, buscando música, toqué sin querer el botón “band” y cambió de FM a AM.
- Y ahí vino la explosión.
- Pero que tiene que ver la radio con la explosión y con viajar en el tiempo?
- No lo sé. Lo único que se me viene a la cabeza son las palabras de Luis, el dueño anterior del auto: “cuando uses la radio tené cuidado con la AM… a veces no anda bien, hace ruidos y cosas raras”, me dijo.
- ¿Qué carajo te vendieron?
- No sé, pero me gusta.
Bajaron de la autopista en el empalme con la Avenida General Paz, se habían pasado de la bajada de Rivadavia porque no veían la cancha de Vélez Sarsfield, y nunca la vieron. El estadio no estaba, no existía más, en su lugar había un complejo de edificios. Eran unas torres vidriadas de unos cuncuenta pisos, rodeadas de un amplio jardín arbolado.
Cuando llegaron al cruce de la Avenida Rivadavia vieron que ahora se llamaba Avenida Doctor Carlos Saúl Menem, el nombre estaba escrito -como casi todos los carteles que habían visto- en castellano y en chino (o algo así).
- ¿Viste el nombre de la calle?
- Sí flaca, parece que volvieron, estamos cagados. ¿En qué año estaremos?
- Pará allá, en la esquina de Murguiondo, en la Petrobras.
- ¿Para?
- Me fijo si tienen el diario de hoy y veo la fecha.
- Che, la Petrobras no es más Petrobras; dice Combustibles de Oriente.
- Bueno ¿qué más da? Un diario deben tener.
Estacionaron en la esquina, la flaca descendió del auto. Mientras se alejaba unos pasos vió como unas personas se juntaban alrededor del bólido rojo. Parece que por estos años no es muy común un 3CV, pensó.
La estación de servicio era muy distinta a la que ella conocía, la habían ampliado, ocupaba casi media cuadra por lo que fuera la calle Murguiondo, que ahora se llamaba Mariano Grondona. Otro prócer, pensó en voz alta.
Con paso firme se dirigió al minimercado, al llegar a la puerta estas se abrieron de forma automática, ya adentro sintió un agradable olor a lavanda. No había ningún mostrador, solo máquinas expendedoras de bebidas, hamburguesas, pañales, máquinas de afeitar, toallitas femeninas, papel higiénico, aceite para motores y mil cosas más. Todas las expendedoras estaban ubicadas en fila, contra las paredes y formando pasillos, como las conocidas góndolas de los supermercados; le sorprendió no encontrar ninguna expendedoras de diarios. Se dirigió al fondo, hacia una cabina vidriada que decía “informes – 报告”, la atendió una chica joven, amable.
- Buen día, bienvenida a Combustibles de Oriente ¿en qué la puedo ayudar?
- Hola, me decís en dónde puedo comprar un diario.
- ¿Un diario?
- Sí, un diario. Clarín, Crónica, el que sea.
- Disculpe, no le entiendo.
- ¿Tan difícil es? Quiero leer el diario.
- ¿Y para qué lo quiere comprar?
- Para llevármelo ¿para qué va a ser?
- Los diarios se pueden leer on-line, allá en aquellas pantallas.
Mierda, pensó la flaca. Cómo cambió todo.
- Gracias -dijo a la empleada, y se dirigió hacia un costado en donde habían unas diez pantallas planas. Cada una frente a una silla. Se acercó y el aparato le dijo.
- Buen día ¿en qué la puedo ayudar?
Mientras se sentaba respondió -Quiero leer el diario.
- Inserte su tarjeta -contestó la máquina.
- ¿Qué tarjeta?
El aparato repitió -Inserte su tarjeta.
La flaca se dirigió nuevamente a informes.
- Buen día, bienvenida a Combustibles de Oriente ¿en qué la puedo ayudar?
- Decime ¿qué tarjeta tengo que insertar para leer el diario?
- Su tarjeta de identificación.
- No tengo.
- ¿Cómo que no tiene? -contestó la empleada mientras oprimía un botón rojo ubicado a la derecha del vidrio blindado.
- Señorita, por favor su identificación -escuchó sobre su hombro, antes de que pudiera reaccionar.
- Disculpame, no la traje, salí apurada -fue lo primero que se le ocurrió a la flaca para zafar de esa situación.
- Le pido que por favor se retire o tendré que llamar a la Policía Metropolitana.
- No, a esos no. Ya me voy. ¿Me podés decir que día es hoy?
- Siete de noviembre señorita.
- ¿De qué año?
- ¿Se siente bien?
- Sí, es que tengo problemas de memoria -argumentó haciendo gala de sus estudios actorales.
- Dos mil treinta, señorita. Siete de noviembre de dos mil treinta.
- Gracias -contestó mientras salía aterrada.
Ya en la calle vió que Horacio estaba hablando con un policía, se acercó rápidamente. Ella sabía algo que su compañero ignoraba, de alguna manera le tenía que avisar que habían viajado veinte años en el tiempo.
- Le digo que lo compré hoy, por eso no tengo los papeles a mi nombre, sólo el boleto de compra venta.
- Señor, este papel tiene veinte años ¿no cree que ya debería haber realizado la transferencia? Y su carnet de conductor venció hace dieciseis años, me va a tener que acompañar.
- Es muy largo de explicar, agente. ¿Lo podemos dejar así? Digo, quizás con este día de calor usted, y su compañero, tengan ganas de tomarse una cerveza.
- Bueno, que sean varias cervezas. Esta infracción es muy grave señor.
Horacio se asomó dentro del 3CV, buscó en la cartera de la flaca y encontro cincuenta pesos.
- Es lo que tengo -dijo al policía.
- Está bien. Un poco viejo el billete, pero todavía sirve. En estos días el efectivo es escaso. Por favor, retírense despacio y no vuelva a pasar por la avenida, hay más controles.
La pareja subió al auto y salieron por la ex Murguiondo -hoy Grondona- hacia la avenida Alberdi.
- Suerte que estos no cambian nunca. Son iguales a lo que había antes, los que vestían de azul.
- Horacio, estamos en dos mil treinta.
- Sí, me di cuenta cuando el milico me dijo lo de los veinte años de los pelpas del auto.
- ¿Y ahora que hacemos?
- Ir derechito a lo de tu vieja.
- Horacio.
- ¿Qué?
- Me da miedo ir a lo de mamá, pasaron veinte años.
- ¿Y?
- ¿Cómo y? ¿No pensás que quizás ya no este?
- Pará loca, tu vieja tiene cincuenta y cinco, o sea setenta y cinco, seguro que está.
- No sé.
- Mirá, acá no nos podemos quedar.
- Está bien, vamos.
Agarraron por Falcón, que ya no era Coronel Ramón L. Falcón, ahora se llamaba Héctor “Bambino” Veira.
- ¡Mierda con los nombres de las calles, uno peor que el otro! ¿Qué carajo nos pasó? Viste que nos teníamos que ir bien lejos.
Doblaron por Guardia Nacional, se llamaba igual. Al llegar a la Avenida Juan Bautista Alberdi (Canciller Dr. Nicanor Costa Méndez, el nuevo nombre) se detuvieron frente al 6062. La flaca cruzó la calle, la casa estaba igual. Quiso abrir con su llave pero no pudo. Tocó timbre, atendió una mujer de unos treinta años.
- Buen día, está Nélida.
- ¿Nélida? Acá no hay ninguna Nélida.
- Disculpame, hace unos años vivía acá. ¿No sabés dónde la puedo encontrar?
- ¿Cuántos años? Yo vivo acá hace diez.
- Hace unos veinte, más o menos.
- Ya sé, debe ser la señora que le vendió la casa a mi vieja. Por lo que sé se había mudado a Italia, con su esposo.
- ¿Esposo?
- Sí, un actor español, creo.
- ¿Tendrán algún teléfono, o algún dato de dónde encontrarla?
- ¿Sos familiar?
- La hija. Hace veinte años que no la veo.
- Pero ¿qué edad tenés?
- Veintiseite -en ese momento la flaca se dió cuenta de que la historia no sonaba muy convincente, tenía que inventar algo. -Mis viejos me adoptó ya de grandes, luego se separaron, yo me quedé con papá. De ella no supe más nada, es una historia muy triste.
- Bueno, esperá que le pregunto a mamá. Ya vengo.
Mientras esperaba impaciente miró a su compañero y le hizo un gesto arqueando las cejas y levantando los hombros, expresando un “no sé”, así era como se sentía.
- Acá tenés, el número de teléfono. Como te dije se había mudado a Italia, el número es de allá. Los primeros años se llamaban con mi vieja, para las fiestas, después perdieron contacto. Ya hace unos años que mamá no sabe nada de ella.
- Gracias -respondió la flaca tomando la hoja de papel entre sus manos. Mientras volvía sobre sus pasos, hacia el auto, escuchó a sus espaldas “¡suerte!”. Siguió caminando sin hacer caso al deseo de la chica.
- ¿Y? -preguntó Horacio.
- Según esta chica, mi vieja vivía en Italia, casada con un actor español.
- ¿Será Antonio Banderas?, el tipo ese siempre le gustó a tu vieja.
- No seas boludo, vamos para casa.
- Perdón, ¿y cómo hacemos? ¿Agarramos Directorio, o como mierda se llame?
- No sé. Vos compraste este auto, resolvelo.
- Aver, pensemos. Cuando pusiste AM sintonizó en 1030 y estamos en 2030. Si ponemos 1010 ¿iremos a 2010?
- Me sorprendés. A veces usás la cabeza. Probemos.
Rápidamente la flaca sintonizó el dial en AM1010, una música horrible salió del dial, mientras el locutor anunciaba “AM1010, Onda Latina, con la música que a vos te gusta, hoy y siempre en tu dial”. Pero no pasó nada, siguieron en el mismo lugar y en el mismo espacio del tiempo.
- ¡Esta mierda no anda! El tipo me dijo que a veces sintonizaba mal. Probá otra frecuencia.
La flaca sintonizó 1005, nada; 1015, nada; 840, nada; 1045, nada.
- Algo falta -dijo la flaca- Tal vez sea ponerse en movimiento.
Horacio arrancó, puso primera, segunda, tercera… nada. Cuando el velocímetro alcanzó los noventa kilómetros por hora de nuevo la explosión, el humo, las luces intermitentes. Ambos miraron el dial, 1045 indicaba.
- Por lo menos sabemos que, si nuestra teoría no falla, estamos en 2045.
- ¡Cuidado! -gritó la flaca.
A poco menos de media cuadra la avenida terminaba. Lo que había sido la General Paz era ahora un paredón. Horacio pisó el freno, el bólido se detuvo en pocos metros.
- Bueno, los frenos son buenos, el tipo este no me mintió.
- Mirá eso. Parece un graffiti pero es como fluorescente, tiene luces.
La flaca, mientras haciía el comentario, se bajaba del auto y caminaba hacia el paredón.
- ¿Adónde vas? -le gritó Horacio.
Ella no se había dado cuenta, del lado izquierdo venían tres personas con una especie de palos que emitían una luz intermitente. Cuando los vió ya era tarde para correr, estaban a menos de diez metros. Horacio se había dado cuenta antes y, mientras las flaca miraba petrificada, el 3CV se cruzaba entre ella y el trío agresor.
- ¡Subí flaca! Apurate, estos pibes no nos vienen a preguntar si estamos perdidos -gritó Horacio mientras clavaba los frenos y abría la puerta a su compañera.
- ¿Qué carajo pasa? ¿De dónde salieron estos tipos?
- Ni idea flaca, lo que espero es que esos palos luminosos no disparen, hasta donde sé el Citro no es blindado.
Mientras expresaba sus deseos aceleraba a fondo, doblando en U, retomando por la ex Alberdi, hacia el centro. El bólido rojo llegó en pocos segundos a los noventa kilómetros por hora. Horacio se había dado cuenta de que esta era la velocidad indicada, viajando en tercera.
- Dale flaca, sintonizá la AM1010.
- ¿Qué querés, escuchar cumbia berreta?
- Sí, con mucho humo, explosiones y luces de colores.
Justamente eso fue lo que sucedió, la explosión, el humo, las luces intermitentes y de nuevo la avenida. Pasaron una esquina, el semáforo en rojo, iban muy rápido para frenar. Horacio pudo ver el cartel que decía Avenida Juan Bautista Alberdi, respiró aliviado. Estaban al 6200, faltaban dos cuadras para el 6062, pararon en la puerta.
La flaca bajó del auto con su llave en la mano, la introdujo en la cerradura y entró.
- ¡Má! – gritó.
- ¿Qué pasa hija?, se escuchó en el pasillo de entrada.
La joven, desesperadamente, abrazó a la madre, que la miraba sin entender a qué se debía este arrebato de afecto. Ambas permanecieron en silencio, la flaca porque no sabía qué decir, por donde empezar a contarle a su madre lo que había pasado; y la madre, sencillamente porque disfrutaba el momento.







MUY BUENOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!
ja!
graxxxxxxxx!!!!!!!!!
Buenísimo Mario!!!
Empecé a leer tu cuento y me llenó de ansiedad saber como seguía. Me enganchó. Te felicito! Besos!!!
chas gracias Estrellita
abrazo
Que buenoooo!!! Yo quiero uno de esos! jajajajaj
y bueno, sera cosa de buscar en segundamano…
abrazo Caro
A mi que no me gusta leer no pare hasta el final, me atrapo y me gusto!!!
gracias Gisela… capaz que empezas a leer y todo!!!
Muy buen relato, atrapante y muy interesante…!!!. Me encantaron los nombres de las calles del futuro..
gracias Luis, espero que no sea una profecia autocumplida
abrazo